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Oro Incienso y Mirra

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  Y llegó diciembre, mes de la Navidad, festividad del amor y la ternura en la medida que nos acerca al espíritu infantil como sinónimo de lo divino y trascendente humanizado en el Niño de Belén, el que se manifestó al Mundo, en los Reyes Magos que, guiados por la misma estrella, llegaron desde diferentes latitudes para ofrendar con oro, incienso y mirra, como reconocimiento universal de la condición Divina del nacido recién en Belén como anunciaron los profetas. Y, como de lecturas también está hecha la memoria y siempre se activan oportunas, recuerdo el libro “Oro, Incienso y Mirra”, de mi amigo Félix Andallanos, una bella recreación de la Epifanía, narración, en una apacible noche de la Caldea, del Maestro Rahal Gaspar el Mago que ofrendó con Incienso, secuencia poco ortodoxa de cómo, en el cielo de las altas montañas de Nepal, a los sabios decodificadores cósmicos de la dinastía Vardhana, una novel estrella les señaló el camino hacia los reinos de Salem, y comprendieron que ...

Curiquingues, mito y ritual

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  La Danza de los curiquingues, infaltable en la fiesta rural, mientras más íntima más rica en simbología, mientras más simple más profunda en el discurso y llamado a la sensibilidad porque recrea una tradición atávica ligada a la Cosmovisión Andina, graficando usanzas de una sabiduría agraria ancestral que persiste en la preparación de la tierra, selección de las semillas, siembras y cosechas, en interacción puntual con la biodiversidad y los fenómenos ambientales en los que, las comunidades andinas, cifran el éxito del ciclo agrícola. El Curiquingue, ave andina de elegante presencia, de color negro con el pecho y su prominente pico blancos, de andar ligero y a saltos como en cortos vuelos cuando está en faena de cazar insectos y recoger gusanos después de la lluvia o en los surcos del arado en las siembras, actividades beneficiosas para la germinación de los sembríos. Sus vuelos cortos y su andar ligero, erguido y a saltos han sido recreados en la Danza de los curiquingues, que...

Las siembras en la memoria

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 Con el “cordonazo de San Francisco” del cuatro de octubre, “Divina tempestad”, como que se inicia el año productivo en la ruralidad regional, aguacero que ratifica una temporada de lluvias con truenos y relámpagos que ponen fin a los calurosos días de agosto y septiembre de las ultimas cosechas, de los rastrojos, pájaros y vientos, de vacaciones, niños y cometas, para dar paso al periodo de siembras de la chacra, despensa escalonada de productos frescos para el sustento diario a lo largo del año agrícola.   Este temporal de lluvias que antecede y acompaña a las siembras, caracterizado por puntuales tempestades bautizadas, por la sabiduría popular, de acuerdo al santoral como, el “alfanjazo” del 29 de septiembre recordando a San Miguel Arcángel, o tempestad de la Virgen del Rosario si llueve el primer domingo de octubre, y el famoso “cordonazo de San Francisco” como cuenta María Rosa Crespo en “Espíritu y magia de Cuenca” recordándonos al paso que, en sociedades de profundas r...

El tren que perdió el tren

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El ferrocarril es un infaltable componente del paisaje cuencano evocado, si podemos llamarlo así a los recuerdos que afloran como señuelos de identidad local, determinados por algún  evento especifico como la inauguración del Parque del Ferrocarril en la estación ferroviaria de Gapal a dónde, hace ya 60 años concurrimos alegremente para ver llegar por primera vez ”El tren que perdió el tren” como lo llamó Manuel Muñoz Cueva, en su editorial conmemorativo de “El Tiempo”, en alusión al casi medio siglo de retraso de este, ahora, entrañable componente del imaginario regional.   Y disfruté recordar cómo, con mis amigos de secundaria, orillando el Tomebamba hasta el Vergel, la Calle de los Herreros y la Casa de Chaguarchimbana con sus enormes murales y palomar, Ingachaca y el puente homónimo y la Quinta Bolívar, llegamos a la estación Ferroviaria de Gapal, a esa hora pueblo en fiesta. Parecía que todos los caminos conducían allá. Y escuchamos lejano y cada vez más cercano el ulular...

Ríos y paisaje sonoro

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Cuando hablamos del agua como componente de identidad de nuestra ciudad, de entrada, pensamos en sus ríos con sus fuentes, arriba, en el cordón montañoso que circunscribe el valle, constituido de páramos y lagunas, de manantiales, cascadas y remansos que dan origen a nuestros ríos y graficamos El Cajas, Can Can, Quimsacocha y el inmenso complejo lacustre de altura que dan caudal a los ríos que cruzan la ciudad, abundantes de biodiversidad y riqueza paisajística de formas, color y sonoridad. Y hablando de la sonoridad como componente del paisaje cuencano, viene a mi memoria el bullicioso paso de los ríos por nuestra ciudad y el gusto de volver escucharlos, ahora, en los parques lineales y, desde luego, una linda conversación con la musicóloga Janeth Alvarado Delgado y la posterior lectura de su artículo “Los paisajes sonoros cuencanos”, en el que sustenta, que el sonido es un elemento transversal en la existencia del mundo, porque con sus vibraciones envuelve todo objeto y sujeto, y que...

“Las Lumbres”, ficción y memoria

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Natalia García Freire (1991), escritora y periodista cuencana, Master en Narrativa por la Escuela de Escritores de Madrid, de la que es docente, “cruzó el atlántico con el gato y todavía escribe”, diríamos con más propiedad, escribe con mucha calidad, tan es así, que su primera novela “Nuestra piel muerta” fue traducida al inglés, francés, italiano y danés. Su segunda novela “Trajiste contigo el viento” con gran aceptación como su libro de cuentos, “La máquina de hacer pájaros”. Cuando leo un texto y éste me atrapa, inconscientemente voy construyendo un escenario en el que sus personajes adquieren vida y siguen la trama propuesta e imprevisibles también así, cuando ojeo “Las Lumbres”, el primero de los once cuentos del libro “La máquina de hacer pájaros”, ruralidad, pueblo cerro y laguna, gente, Niño y las Lumbres que “no eran hembra ni varón” y “no se sabe si fueron paridas”, simplemente son, como la laguna y el río, pero ellas son luz y brillan y aún enterradas metros bajo la tierra ...

Ferias en el páramo

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Es muy difícil entender la vida en el Páramo, habitantes citadinos como somos, creemos que nuestros páramos son las colinas y cerros de niebla y nube, de garúa y lluvia, de gris y frio, que nos circunscribe aunque, ahora, ya sabemos que sus esponjas conservan el agua que dan caudal a los ríos que bajan a pueblos y ciudades y a Cuenca desde luego: “Corre agüita Niña del cerro a la ciudad”, como dice la canción de Ulises; pero hay más, en su vastedad vive gente y crecen pueblos que, en su día a día, construyen una cultura de páramo que se expresa de muchas formas y en sus ferias también. Con el recordado sacerdote Roberto Samaniego+ primero y con el memorable amigo Oswaldo Larriva+ después, llegué, algunas veces, a las famosas ferias de Pimo y Tangeo sostenidas por don Ricardo Carmona y su bus vivandero por los páramos de Can Can. Llegamos a Tangeo, a 56 kilómetros de Baños desde dónde parte el bus ferial, siguiendo el biocorredor del Yanuncay aguas arriba, pasando Misicata, San Joaquín,...